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Carmen de Gordón – Septiembre 2012

A los 2 años mi hija más chica, Elizabeth, solamente decía mamá, Tita, papá y agua y casi no dormía. Su madrina que era enfermera, me recomendó llevarla a hacer una evaluación porque además era muy retraída y no hablaba ni jugaba con otros niños. Fue así como me acerqué al IPHE de Ancón donde me refirieron al Centro de Salud de Veranillo quienes fueron a mi casa y la psicóloga Edna de Luque diagnosticó a Elizabeth con autismo a los 4 años. Seguidamente se empezaron las terapias de lenguaje en el seguro de Villa Cáceres que ayudaron a mi hija a hablar rápidamente.
Elizabeth hizo su primaria en la escuela Japón y luego asistió al Primer Ciclo intermedio Simón Rodríguez. La secundaria la hizo en el Regiomontano donde le fue bastante bien, mejoró socialmente e inclusive llegó a ser reina del colegio. Al graduarse de secundaria ingresó a UDELAS donde por un semestre tomó un curso de geriatría. Sin embargo, noté que la universidad la puso muy nerviosa, se comía las uñas y los profesores no sabían como adecuarle las materias.
Elizabeth tiene mucha retentiva para fechas, números de teléfono, cumpleaños y nombres. Le gusta la moda, todo lo que tenga que ver con belleza la música y el baile.